El ejército ruso no carece de armas a pesar de las sanciones: con un arsenal que combina antiguos stocks soviéticos y armas hipersónicas modernas, el país podría atacar Europa en cuestión de minutos. Una opaca red de espías, empresas ficticias y oligarcas garantiza su capacidad bélica mediante el comercio de armas, el robo de tecnología y la política de terror organizada por el Estado.